Historia


Villa serrana y ganadera

Los fundadores de Checa, al ubicar la población en lo alto -en realidad a media ladera- y aprovechando el salto de agua para mover sus industrias, sabían lo que hacían. Su evolución demográfica, paralela al crecimiento y desarrollo urbano, se debió tanto a sus singulares condiciones naturales, como al decidido apoyo señorial para separarse de la jurisdicción del concejo y regidores de Molina.

Checa adquirió muy pronto el privilegio de villazgo, con derecho a tener ayuntamiento propio y jurisdicción separada de la villa de Molina, probablemente en tiempos de Carlos I. pues aparece junto a Tortuera como las dos únicas villas de realengo existentes a fines del siglo XVI dentro del Señorío de Molina.

El otorgamiento de este privilegio solo es concebible por su población y por haber pertenecido la villa en el siglo XV a los condes de Priego. El primer conde de Priego, Diego Hurtado de Mendoza, mayordomo del rey Juan II, se tituló señor de Checa y lo mismo sus sucesores hasta el otorgamiento del privilegio a la villa, recuperando los reyes su jurisdicción y pasando los derechos señoriales a los Condes de Clavijo, al serles otorgado este título nobiliario en 1690 (Sanz y Díaz).

A finales del siglo XVI (en 1590) Checa tenía 103 vecinos, nivel de población que mantuvo sin apenas variación hasta el siglo XVIII. Su importancia, como villa y lugar más poblado, junto a Alustante en la sexma de la Sierra, y Tortuera y Milmarcos en la sexma del Campo, aunque todavía muy distante de los que luego sería en el siglo XIX, venia acompañada por el desarrollo de sus industrias y producción:

La industria del hierro. En el Señorío de Molina y sus cercanías (Albarracín y Cañete) llegaron a trabajar a un tiempo treinta ferrerías, siendo el hierro de Checa el más celebrado por su ductilidad y dureza, cualidades que le hacían muy a propósito para toda clase de herramienta (Portocarrero).

Las maderadas. La corta de maderas y el transporte fluvial por el río Tajo se remonta documentalmente al siglo XV Son numerosos los cronistas que señalan las excelencias de los pinos de la Espineda (o fuente del Espino), cuyas maderas y otras del alto Tajo se utilizaron en tiempo de Felipe II para la magnifica obra del Escorial (1584) . La cita original hay que encontrarla en el propio Fray José de Sigüenza, fraile jerónimo, que fue el primer prior del monasterio.

La ganadería e industria artesanal de la lana. Si conocida es la importancia de la primera, pese a los avatares históricos de épocas de mayor auge o decadencia, así como la intermitencia de la actividad que se mantenla únicamente durante los meses de mayo a octubre en su término, ligada a ella se encontraba la industria lanera, que aprovechaba las aguas del río como lavadero.  

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