Refranero Checano

REFRANERO LOCAL

Checa es un pueblo muy refranero. A sus gentes les gusta apoyar sus conversaciones en la muletilla cómoda y expresiva del refrán, por lo que se conocen todos los que son de uso corriente y muy especialmente los que se refieren a la ganadería y a la agricultura, que no en balde son las dos más importantes fuentes de ingresos con que cuenta el pueblo.

Por eso conocemos desde aquél de la luna de octubre, hasta el de la cigüeña y San Blas pasando por el de los nabos y el Adviento, así como aquél inventado por un guasón y atribuido sibilinamente al párroco de un entrañable pueblo vecino, que reza así:

 

Hijos míos, los de Orea

No “sembrís” trigo, que se apedrea

Sembrad nabos;

si se apedrean las hojas

quedan los rabos.

 

Esto no deja de ser un pequeño desahogo, mitad broma y mitad burla inocente. Lo que si es cierto es que aquí los refranes son el punto final de casi todas las conversaciones, y como el refranero español nos parece incompleto, hemos inventado unos cuántos, de los de andar por casa, sin otro fundamento que el de prestar apoyo a nuestra verborrea, a nuestro “cascurreo”, más meridional que castellano, ni otra finalidad que la de hacer mas incisiva la frase.

He aquí un pequeño muestrario de nuestro repertorio:

 

CUANDO SAN JUAN “ABAJE” EL DEDO.

En el sitio de preferencia que su alta jerarquía exige y rodeado de la pompa barroca y dorada del retablo mayor de nuestra iglesia parroquial, se encuentra la imagen de San Juan Bautista, su titular. La talla, no es que sea de Berruguete, pero no importa. La voz que clamó en el desierto es venerada por los checanos como se merece, y como su dedo índice apunta hacia el suelo, hemos aprovechado la circunstancia para marcar el tiempo que ha de esperar cualquier petición viciosa o impaciente que se nos formule:

-Cuando San Juan “abaje” el dedo…

 

EL ENTIERRO DEL TIO CAPON.

Aquí nadie sabe quien pudo ser el tío Capón. Solo conocemos que debió de ser un hombre al que enterraron sin mucha ceremonia, más bien con alguna prisa, por motivos que no han llegado hasta nosotros, lo que no es óbice para que cualquier acontecimiento local que se desarrolla con ritmo desusado, con alguna informalidad, sea boda, misa o matanza, digamos que se parece al entierro del tío Capón.

 

LA PURGA DE BENITO.

Tampoco he conseguido averiguar quién fue Benito ni en qué consistió su famosa purga. Pero la eficacia de la pócima debió de ser notoria, cuando su recuerdo lo tienen siempre tan a mano los checanos para juzgar la cura de cualquier indisposición que desaparece rápidamente por haber ingerido el enfermo algún remedio recetado, más que por el médico, por alguna vecina, con la mejor intención, por supuesto.

-Hija, como la purga de Benito.

 

EL MULETO DEL TIO CALZILLAS.

Los pechos locales albergan unos corazones franciscanos que les mueve a tratar a los animalillos domésticos en régimen de humana consideración. No es infrecuente ver a un mozo como un trinquete transportando sobre sus hombros a un corderillo que se quedó sin madre o con alguna pata quebrada, llevándolo amorosamente a su domicilio, en el que le harán la cura que permitan los conocimientos de la familia y en el que, sin duda, terminará su crianza con el biberón.

Lo mismo sucede con el resto de los animales; díganlo si no, los gorrinetes a los que la familia cuida desde pequeños hasta que sus arrobas le hacen perder toda consideración y se les da la muerte infamante que por su gorrina condición tienen asignada; o las cabras y gallinas, que siempre han campado por sus respetos en las calles del pueblo, hasta la aparición de los caballos de vapor, que les obligó a un repliegue general, en el rincón más seguro de la casa y aún más en contacto con su dueño, al que, sin excepción, siguen sumisos en prueba de una confianza y amistad por encima de toda ponderación. Algo así debió de sentir la familia del tío Calzillas por su muleto, al que crió en la casa en medio del cariño y del mimo general. Tanto, que el muleto fué creciendo hasta convertirse en un hermoso macho romo, sin que nadie advirtiera su metamorfosis; menos que nadie, su propio dueño, que siguió hablando de su muleto y dió a los checanos motivos de chacota y origen del refrán por esta debilidad casi filial del tío Calcillas.

Y cuando alguna madre habla de su niño, ya talludito, suelen decir con toda la zumba de que son capaces:

-Niño, si; como el muleto del tío Calcillas.

 

COMO PERICA EN TABAQUE.

Se dice de aquellas personas a las que su familia prodiga tantos cuidados como si se tratara de una planta de invernadero. Es un refrán cuya antigüedad se pierde en la noche de los tiempos y de la tradición checana, y habría que buscarla en los escondrijos de la filología. Evidencia, entre otras cosas, la solera de nuestra conversación y las influencias no castellanas que la informan, en gran parte, ya que el tabaque a que se refiere nuestro refrán no puede ser otro que el “tabac” abandonado aquí por los hijos de Mahoma y la perica no pasa de ser una pera, escogida y denominada con el antañón diminutivo castellano, hoy refugiado y con carta de naturaleza en Aragón. Y a menos que yo ande muy despistado, esto es solera del idioma, o no?

 

LE VIENE CALZON POR CALZA.

También este refrán es muy antiguo. De cuando los hombres no conocían los pantalones, y vestían calzones y calzas, cosa que por éstas latitudes ya ocurrió en los comienzos del siglo presente, y los pocos checanos que hemos conocido vestidos de ésta guisa, no eran otra cosa que una reliquia de otros tiempos. Y lo del calzón por calza lo decimos al revés, pues las calzas eran más largas que el calzón, y el refrán se refiere a los muchachos que heredaban un pantalón y le venia grande.

Lo que no es un secreto es que las familias checanas, casi todas numerosas, han contado con la habilidad de sus mujeres para echar culeras y cuchillos, que en esencia eran una misma cosa, pero en distinto sitio del pantalón o del calzón o para retocar…una prenda del hijo mayor, o del padre, de suerte que le quedara que “ni pintada” al hijo menor, y si alguna de estas transformaciones no era muy acertada, el desdichado aspecto del agraciado fue motivo para que naciera el refrán que comentamos.

Acaso de alguna de estas operaciones de “alta costura” originó que un buen día, el Alfileres, sentado a la puerta de su casa, y esgrimiendo una escoba a guisa de guitarra, entonara con más voluntad que timbre aquello de,

 

Asómate a la ventana

y me verás en la calle,

con una camisa nueva,

de una vieja de mi padre.

 

 

LA RASTRA PAJA.

El rastro de la paja es un reguero irregular, discontinuo, incierto, consecuencia de los traqueteos del carro, de los tropezones de la caballería, de su gran volumen y escasa densidad, en estrecha relación con las abundantes piedras de los caminos checanos.

En esto hemos encontrado una muletilla ó refrán para definir, por analogía con el rastro de la paja, que aquí se llama rastra, a las discusiones bizantinas que suelen mantener los contertulios de una taberna, cuando ya es el aguardiente alcarreño el que marca y manda el camino y línea a seguir en el argumento sometido a debate.

Es entonces cuando se suele decir que fulano, o mengano, o ambos, llevan una “rastra paja” que p’a qué…

 

EL GATO DEL TIO FURIA.

La tradición asegura que un gato del tío Furia se quedó ciego de tanto dormir. Pero como la dinastía de los Furias es muy añeja, no sabemos en que generación pudo acaecer tan insólito sucerso, pues los actuales descendientes lo ignoran enteramente.

Lo que si nos parece sospechoso es que un gato pierda la vista por tan simple causa. Que duerma mucho un gato, ya no es tan difícil; aquí el clima es extremadamente frio y el minino, un miembro más de la familia, ocupa constantemente la silla más cercana al trascacho, da en el media docena de vueltas en pos del rabo y cuando encuentra la postura ideal, se hace un ovillo y a dormir se ha dicho; hasta que le despierta el ruido de las cucharas ó barrunta que los niños de la casa se han ido a dormir. Abandonará en ese momento su cojín y ronroneando, marrullero, se mete en la cama entre la gente menuda, que le acoge con cariño y pasan juntos el resto de la noche.

Esto es lo que suponemos haría el famoso gato, puesto que es lo que hacen todos. Y si cegó, seria por viejo, no por dormir mucho, pero esto no es obstáculo para que la tradición siga en sus trece. Bueno…

Y por ella, ante la somnolencia de cualquier niño al que no le agrada la idea de cambiar la cama por la escuela, su madre siempre le dirá cariñosamente que “vas a cegar, como el gato del tío FURIA”.

 

LA FORMALIDAD DEL TIO MANGAS.

Del tío Mangas tampoco queda rastro en el pueblo, a no ser el del refrán. Solo podemos aventurar que se trataba de un checano poco serio en su manera de actuar. Pudo ser uno de estos bromistas que no toman en serio nada de cuanto acontece de tejas para abajo, o que sus facultades mentales, sin llegar a merecer el internamiento, no eran todo lo firmes que se precisan para merecer el calificativo de hombre responsable y formal.

Tal vez por esto acostumbramos a decir que tiene la formalidad del tío Mangas, cualquier jovenzuelo de los que, con la petulancia propia de la juventud, adoptan una muy cómica seriedad al encararse con una situación que se supone superior a su discernimiento.

 

LO LLEVA COMO ALGARIAS.

Aquí nos comemos los artículos gramaticales, las terminaciones y otras muchas figuras con la misma facilidad que si fueran collejas. No es fácil encontrar una explicación razonable al hecho de que, por una parte, limemos con lengua y dientes casi todas las palabras, mientras que, de otra, conservemos algunas de tan puro sabor cervantino como la de algalia, si bien pronunciamos “algarias”, sin duda para presumir de modestos.

No deja de ser intrincada nuestra jerga. Y uno de los más naturalizados refranes es el de “lo llevas como algarias” que se suele traer a colación para comentar el apetito y la rapidez con que alguien, animal o persona, devora una pitanza que sobre no ser buena, no está ni medio bien aliñada.

 

EL PERRO DEL TIO SILLERO.

Parece ser que un día hubo en Checa un vecino que hacía sillas. Serían, suponemos, de aquellas construidas a base de cuarterones castellanos y asiento de esparto, de las que ya no quedan apenas. El negocio no debía ser muy lucrativo y la penuria parece que repercutía sobre las costillas del can de la casa, al que su dueño mataba las pulgas a gatorrazo limpio, cada vez que desaparecía lo que no está muy claro si era tajada o espejismo.

Tan habituado estaba el perro al vapuleo, que apenas el dueño empuñaba la vara, salía corriendo como alma que lleva el diablo, alborotando al vecindario con sus ladridos.

De aquí viene la costumbre de comparar con el perro del tío Sillero a cualquier mozalbete que gimotea o grita cono un condenado cada vez que presiente la bofetada, aunque ésta no pase del grado de intento.

 

 

Cesar Samper de Roque

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